La ley de utilidad marginal decreciente es un principio fundamental en la economía que describe cómo la satisfacción (o utilidad) que una persona obtiene de consumir unidades adicionales de un bien o servicio tiende a disminuir a medida que se consume más de ese bien o servicio, manteniéndose constantes otros factores.
Un ejemplo práctico del día a día de esta ley sería el siguiente. Imagina que acabas de regresar de hacer ejercicio intenso y estás muy sediento.
- Primer vaso de agua: El primer vaso satisface enormemente tu sed y te proporciona una gran sensación de alivio y placer. La utilidad marginal es muy alta.
- Segundo vaso de agua: Todavía tienes algo de sed, así que el segundo vaso también es placentero, pero la satisfacción que te brinda es menor que la del primero. La utilidad marginal ha disminuido.
- Cuarto vaso de agua: Ya no tienes sed. Si decides beber un cuarto vaso, podría incluso resultarte incómodo o innecesario. En este punto, la utilidad marginal podría ser cero o incluso negativa.
Esta ley puede aplicarse en cualquier interacción nuestra con los bienes que rodean.
En el ámbito clínico de la gestión de la disfagia es muy habitual que surjan este tipo de situaciones cuando realizamos tareas de manejo de la vía oral como forma de alimentación. Me parece normal que surjan. De hecho, a veces me mosqueo cuando no surgen situaciones de rechazo de determinados alimentos.
Podemos encontrarnos con pacientes que utilizan una vía complementaria a la oral (Sonda nasogástrica o PEG) o que esté recibiendo sueroterapia en espera de que se verifique que puede comenzar a recibir alimentos por vía oral tras un proceso clínico (habitual en UCI, Unidades de Ictus,…).
El proceso de recuperación de vía oral como forma de alimentación está lleno de variables e intervienen muchos factores. No entraremos en ello hoy pero tan solo remarcar que uno no propone que alguien se alimente de nuevo por vía oral por ensayo y error (o al menos no debería ser así).
Imaginemos una situación bastante habitual.
Pedro. 65 años. Se encuentra en una Unidad de Ictus tras evento cardiovascular. Va recuperando sus funciones y comienza a tener estabilidad clínica. En la primera semana no mostraba buena seguridad durante la alimentación oral por lo que hubo que colocar una sonda nasogástrica para alimentarse. En los últimos días están habiendo cambios significativos. La logopeda, en sus visitas diarias a la unidad, ha verificado que la vía oral comienza a ser competente y se han reducido considerablemente los signos de alteración de seguridad en el trabajo de alimentación terapéutica que viene realizando. Todo el equipo está de acuerdo en que Pedro está preparado era comenzar a comer alimentos en situación de supervisión.
Llega la hora de la comida. Pedro recibe una bandeja con un puré. Pedro llora de la emoción ante ese puré. Lo come con gusto. Varios profesionales de la Unidad le acompañan en ese momento. Todo es satisfacción. La ingesta ha sido un éxito. El equipo plantea repetir esta situación en la cena. El éxito aparece de nuevo en forma de escena similar con el turno de tarde presente.
Pedro está incómodo con la sonda nasogástrica. Dados los resultados observados y su evolución se le retira el dispositivo y Pedro recupera la capacidad para comer por vía oral pero con restricciones.
El equipo explica a Pedro que, al menos durante unos días, su dieta va a estar basada en purés y aguas gelificadas mientras se controla su situación. Se irán introduciendo nuevos alimentos poco a poco.
Pedro lo entiende. Firmaría cualquier cosa con tal de no volver a tener una sonda en su garganta incomodándole todo el día.
El segundo llega de nuevo el puré. Tiene un aspecto muy similar al de ayer. En su habitación ya no hay tanta expectación. No obstante el puré le sabe muy rico. Lo toma con ganas.
Se repite escena el tercer día. Con algo más de monotonía. Vaya, el puré tiene un color similar al de ayer. Pedro no s leo come entero. Nota menos apetencia.
En los días siguientes las ganas de Pedro decrecen y ya no le llama tanto la atención el puré. Tiene nuevos objetivos, otros alimentos. Propone a su logopeda cambios. Están trabajando nuevos alimentos pero las capacidades de Pedro no se ajustan del todo a las posibilidades de menú del hospital y necesita entrenar algunas estrategias para no tener riesgos durante la alimentación.
Pedro comienza a mostrar rechazo hacia los purés. Es cierto que aceptaba este formato de alimentación pero les comienza a coger manía. No puede evitarlo.
Añadamos a esta historia otras variables: internamiento en hospital con su monotonía diaria, situación de cambio post-evento neurológico y con el impacto emocional que eso provoca, ingesta de fármacos que alteran el organismo, falta de descanso nocturno,… También debemos tener en cuenta el impacto de la nutrición enteral en la recuperación de la vía oral ya que cuesta recuperar los ritmos, rutinas y es normal sentirse saciado durante varios días.
Pedro ha ido experimentando una utilidad marginal decreciente que puede entenderse como normal dentro de la situación que vive Pedro. Pedro siente que su situación ha cambiado, el ictus ha reducido su capacidad funcional. Su cuerpo está raro. El entorno es extraño, monótono. Pedro puede sentirse despersonificado.
Pedro vive en una situación con baja probabilidad de éxito en la aceptación de nuevas formas de alimentación. Como consumidor, Pedro necesita motivaciones extras que le ayuden a superar esta situación que es muy habitual en nuestro día a día.
¿Cómo podemos combatir esta utilidad marginal decreciente en la introducción d ella vía oral en la persona con disfagia?. Algunas ideas:
- Mayores opciones de dieta hospitalaria para personas con disfagia: en mi experiencia el uso de una dieta de transición basada en un IDDSI 5 reduce la aparición de estas situaciones e incrementa la probabilidad de éxito en la nutrición
- Modificaciones de las dietas basadas en puré: cambios estéticos de presentación, ofrecer información del menú.
- Incluir programas de movilidad activa para que la persona con disfagia se mueva a lo largo del día y tenga acceso a tareas motivantes
- Incremento la terapia de deglución a través de logopedia para favorecer una rápida transición a nuevos alimentos con seguridad
- Mayor presenta de nutricionistas para favorecer dietas con aportes adecuado
- Un equipo funcional especializado de atención a la disfagia formado por enfermería, logopedia y nutrición. Se que me faltan profesionales, muy importantes todos. Pero creo que un equipo de acción formado por estos tres profesionales que colaboren interdisciplinarmente con el resto de profesionales es garantía de éxito.
- Referencias temporales en la habitación para evitar la desorientación.
Se que hay más opciones para las personas con disfagia (higiene oral y tal) pero intento centrarme en aceptación de nuevas formas de alimentación.
La mayoría de estas medidas son viables y son «baratas» en comparación con el beneficio que ofrecen: recuperación más óptima y veloz del paciente. Paciente que enferma menos y sale antes del hospital con mayor condición de salud e independencia.
Un rechazo a una dieta basada en purés puede ser muy habitual. Sería hasta normal. Es importante saber establecer un camino adecuado para que la persona con disfagia tenga herramientas para solventar estas situaciones y que mantenga su recuperación progresiva sin que se ponga en riesgo su nutrición. El control de estas situaciones favorece la seguridad del equipo y reduce la incertidumbre.
Espero que esta historia te haya sido útil.
Si et apetece hablar de este tema estaré encantado de leerte en logocerebral@gmail.com








